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El Proyecto de Cultura y Arte de la República de El Salvador: la invención colectiva de un sueño (Por Breni Cuenca)

5 Nov

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(Ponencia presentada ante la Comisión de Cultura y Educación de la Asamblea Legislativa que se llevó a cabo el día 29 de octubre de 2013 en el marco del foro para discutir el Proyecto de Ley de Cultura elaborado por el FMLN)

Breni Cuenca

(Estimados invitados)

Como ustedes saben, la fracción legislativa del FMLN y la Secretaría de cultura y arte del mismo partido, trabajando mancomunadamente, bajo el liderazgo de la diputada Lorena Peña, se propusieron entregar al país un Proyecto de Ley de Arte y Cultura, que recogiera los planteamientos y las grandes aspiraciones de los trabajadores de la cultura y el arte. Esa fue la tarea propuesta que concretamos en el Proyecto de Ley que ahora está en el seno de la Honorable Comisión de Educación y Cultura para su discusión y enriquecimiento.

I. LAS GRANDES IMPRONTAS DEL PROYECTO DE LEY DE CULTURA Y ARTE

El proyecto de Ley  de cultura y arte fue elaborado en el marco de dos grandes improntas:

1. La primera, es el reconocimiento de las grandes contribuciones culturales y artísticas que nos han sido heredadas por las distintas generaciones de salvadoreños, especialmente las de los pueblos originarios. Su herencia, en primer lugar, humana y cultural, plena de valores de resistencia y de lucha por sus derechos, de riqueza lingüística y estética, de cosmovisiones, ha sido crucial para las configuraciones culturales e identitarias salvadoreñas y  de enorme importancia como contribución al patrimonio material y simbólico del mundo. A esas contribuciones ancestrales se suman las obras, las luchas y los procesos de transformación llevados a cabo por los salvadoreños en distintos periodos: Colonial, de Independencia, Federal Centroamericano, Republicano, y Contemporáneo.

De forma especial, debemos gratitud a pensadores e intelectuales salvadoreños de las distintas épocas, que sería largo enumerar. Los escasos estudios de historiografía salvadoreña son de gran valor y,  abren la perspectiva para aquilatar la cultura y el arte como procesos acumulativos que es preciso reconocer. Como contribuciones al conocimiento cultural del siglo XX son muy importantes en esta materia los ensayos de Fina Viegas: Aproximación a la historiografía salvadoreña de 1950-2000 [1] y de Carlos Gregorio López: La historia cultural en El Salvador: Un campo de estudio en ciernes.

Dice Fina Viegas que el ejercicio del oficio de historiador no siempre ha sido ejercido por historiadores académicos, sino por muchos pensadores de otras disciplinas que han recorrido el pasado de El Salvador con la intención de narrar y/o explicar quienes fuimos y, tal vez, quiénes somos.

Carlos Gregorio López plantea la necesidad de considerar la historia cultural como objeto privilegiado de estudio, reconoce en Francisco Gavidia el esfuerzo por identificar y pensar el pasado indígena; discute críticamente el proyecto liberal ilustrado de David Joaquín Guzmán y su visión de la educación como instrumento de la ladinización; plantea la importancia de Alberto Masferrer y su énfasis en lo social y la teosofía, y destaca el papel de Roque Dalton en la interpretación del papel de los sectores subalternos en la historia nacional y sus reflexiones sobre la historia y la identidad cultural.

Respecto a los insumos de conocimientos producidos por los pensadores e investigadores salvadoreños contemporáneos, este proyecto de Ley de cultura y arte está en gratitud con las ideas e investigaciones de muchos de ellos, quienes han hecho notables contribuciones a la interpretación de la realidad sociopolítica, histórica, estética, cultural, antropológica y arqueológica del país. Mencionó entre ellos a: Pedro Escalante Arce, Eugenia López Velásquez, Roberto Turcios, Knut Walter, Carlos Gregorio López, Miguel Huezo Mixco, Adolfo Bonilla, Federico Paredes, Rafael Lara Martínez, Horacio Castellanos, Fina Viegas, Ricardo Roque Baldovinos, Eliseo Ortiz, Candelaria Navas, Carlos Lara Martínez, Luis Alvarenga, Ramón Rivas, Amparo Marroquín, Silvia López, Beatriz Cortez, Olga Vásquez, Wolfgang Effenberger, entre otros, que también son de nuestro  mayor aprecio.

No hemos olvidado, por supuesto, los decisivos aportes de sus antecesores cercanos, quienes entre 1960 y 1980, en medio de la polarización política, configuraron en el país, lo que, acuerdo con Fina Viegas, puede ser considerado lo más cercano a una generación de historiadores.  A mi juicio integran esta generación, ilustres nombres: entre ellos, Rafael Menjívar, Jorge Arias Gómez, Alejandro Dagoberto Marroquín, Juan Mario Castellanos, Roque Dalton, Matilde Elena López, Ítalo López Vallecillos, Abel Cuenca, Rafael Cáceres Prendes y Rafael Guidos Véjar. Todos intelectuales, afines a la oposición antiautoritaria, vinculados en gran medida a la Universidad de El Salvador. Respecto a Jorge Arias Gómez y Roque Dalton, Viegas destaca la influencia de estos autores y obras en el cambio de los imaginarios sociales de la época y, en el caso de Dalton, la forma en que decididamente incorpora la cultura popular a la reflexión histórica y poética.

En todas las épocas, hay acontecimientos de gran significación en la historia cultural de un país  que no pueden ser olvidadas porque marcan rutas decisivas de su vida como naciones: la fundación de la Real y Pontificia Universidad de México, fundada el 21 de septiembre de 1551 y de la Universidad de San Carlos de Guatemala, el 31 de enero de 1676 fue decisiva, por ejemplo,  para el desarrollo de esos países y para que ellos ocupen un sitial especial en la educación y cultura del continente. Nunca debemos olvidar nuestros propios hitos culturales, entre ellos por supuesto, la fundación de la Universidad de El Salvador el 16 de febrero de 1841, la fundación del Museo Nacional en 1883 bajo la dirección de David J.Guzman; la creación de los círculos literarios y la creación de la biblioteca nacional durante el régimen liberal de Zaldivar entre 1875 y 1886; la recopilación de los mitos náhuat-pipiles por María de Baratta y Schultze Jena entre 1920 y 1930; la creación de la Revista El Salvador de la Junta Nacional de Turismo y el suplemento “La república”, entre otros.

Pero hay otros hechos que una mirada superficial puede considerar modestos, pero que tienen una enorme significación cultural: por ejemplo, la creación de la Dirección de Bellas Artes durante el gobierno de Oscar Osorio en 1950; el movimiento sufragista y el voto de  las mujeres en 1950 que es un acontecimiento importantísimo de la cultura e imaginarios políticos; la fundación del Departamento de Publicaciones en 1953, a cargo de Ricardo Trigueros de León[2] como “espacio de edición y de difusión del pensamiento salvadoreño y centroamericano; la Fundación de la revista, Cultura[3] en 1955, bajo la dirección del periodista Manuel Andino; el rescate de los  sitios arqueológicos de Tazumal, El Trapiche, San Andrés y Cihuatán[4], la revitalización del Museo Nacional `David J. Guzmán´, bajo la dirección del historiador Lardé y Larín[5], la reforma educativa y cultural encabezada por el Ministro de Educación Walter Beneke; la Construcción del edificio para la Biblioteca y el Archivo Nacional, todos estas creaciones constituyeron los cimientos de los emprendimientos culturales de los periodos subsiguientes.

Somos hijos de un incesante proceso de construcciones de sentido y de transformaciones y, por lo tanto, el devenir de nuestra vida e identidad cultural está marcado por acumulaciones culturales, que tanto en los momentos de armonía como en los de conflicto social, han abierto y dinamizado las transformaciones del país.   Sigue leyendo

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¿Y LA LEY DE CULTURA Y ARTE, CUÁNDO? Por Miguel Ángel Chinchilla

28 Ago

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Al oído de las diputadas y diputados 

Entre la cantidad de leyes que la Asamblea Legislativa de El Salvador tiene pendiente de aprobar en el presente período se encuentran por ejemplo la ley general de aguas, la ley de medios de comunicación y la ley de cultura y arte de la república de El Salvador, entre otras. No voy a referirme aquí a las dos primeras sobre las cuales los medios han dedicado mayor tiempo y espacio para su comentario, pero sí voy a reseñar la ley de cultura y arte presentada hace casi un año por la Secretaría de Cultura del FMLN a la comisión de cultura y educación del órgano legislativo.

Sabemos que la cultura ha corrido una suerte de cenicienta dentro del quehacer del Estado, ya sea por temor, ignorancia o desidia, tanto que el actual gobierno a punto de concluir su período, no logró en cinco años enrumbar institucionalmente el quehacer artístico y cultural tan vital para la salud identitaria de nuestra población. No obstante la Secretaría de Cultura del Frente con el apoyo de un grupo ciudadano gestor e independiente de artistas e intelectuales, logró dar forma a un proyecto de ley de cultura y arte, el cual fue presentado a la Asamblea en noviembre de 2012, mismo que no entra todavía a discusión y se encuentra engavetado en algún archivo de oficina.

Se trata de un documento que consta de catorce títulos, a saber: I. Objeto, ámbito de aplicación; II. Los derechos culturales; III. La política de Estado de cultura y arte; IV. De los pueblos originarios; V. Gestión estatal de la cultura y del arte; VI. Proyectos culturales y artísticos de la sociedad y su fomento por el Estado; VII. Del patrimonio cultural de El Salvador; VIII. De la educación artística; IX. De la producción artística del Ministerio de Cultura; X. Del Ministerio de Cultura y sus entes autónomos; XI. Investigación cultural, artística e histórica; XII. Régimen laboral y protección social de los trabajadores de la cultura y el arte; XIII. Empresas culturales nacionales y su fomento por el Estado; y, XIV. La política internacional de relaciones culturales de El Salvador.

Como  dije en su momento y lo sigo sosteniendo, para mí hace falta en este proyecto un título XV que se refiera al quehacer de los medios de comunicación en relación a la cultura y el arte, ya que los medios son un soporte ineludible para la difusión del mensaje artístico y cultural, no obstante dicha omisión podría ser rescatada al momento de discutir el documento en el seno de la comisión legislativa correspondiente.

Pero veamos ¿cuáles serían  los beneficios tangibles que ocasionaría para el país la aprobación de esta ley? Primeramente detengámonos en el Art.3 del documento de marras donde dice que: “se entenderá por cultura el conjunto de valores y creencias que dan forma, orientan y motivan el comportamiento de las personas”. O sea que la cultura tiene que ver entonces no sólo con lo estético sino también con lo ético, con los valores, con la axiología nacional tan venida a menos, desde por ejemplo ser uno de los países más “cochinos” del planeta, hasta la falta de honestidad en el seno de un símbolo popular por excelencia como es la selección nacional de fútbol, sin dejar de mencionar las picardías y sinvergüenzadas de algunos funcionarios y empresarios en el pasado más reciente.

El trabajador de la cultura llámese artista, intelectual, académico, investigador o promotor, tiene derecho a difundir su mensaje así como  la población destinataria tiene derecho a recibirlo y retroalimentarlo, en un proceso dialéctico de oferta y demanda con el propósito de “alcanzar –como reza el documento en su Art. 9- el bienestar, el desarrollo humano creativo, la paz y la plenitud de vida en democracia”.

Aspecto esencial en el documento es la creación de una política de Estado sobre cultura y arte, a través de la conformación de estrategias culturales que involucren a todos los agentes estatales, instituciones y dependencias, que deberán asumir lo concerniente a la aplicación de la nueva ley tal como indica el Art.35 del dicho anteproyecto. Para ello se plantea la creación del Ministerio de Cultura, lo cual es una promesa que hizo el candidato a la presidencia por el FMLN, Salvador Sánchez Cerén, en un evento con trabajadores del arte y la cultura. En el Art.52 se propone que el presupuesto del Ministerio de Cultura será al menos el 0.60% del presupuesto general de la nación en cada ejercicio fiscal.

El título IV se refiere a los pueblos originarios, sus derechos humanos, civiles y políticos, sus tradiciones, su historia, su tierra, su paisaje, su idioma, su economía y sus expresiones fundamentales. Asunto de primer orden contemplado en el documento es también el involucramiento en el quehacer cultural de los 262 municipios que existen a nivel nacional, con sus políticas propias de gestión y  creación, sus planes operativos, sus acciones comunales en el desarrollo local en la valoración, protección y defensa de su patrimonio cultural, tal como se consigna en el Art.64 del mencionado proyecto.

De vital importancia para el desarrollo cultural es asimismo el aspecto del financiamiento de proyectos, para lo cual en el Art.72 y subsiguientes, se hace referencia a la creación del Fondo Nacional Concursable para la Cultura y las Artes. Este fondo nacional enunciado por sus siglas FONNCA, funcionará a través de un fideicomiso y uno de sus objetivos primordiales será costear proyectos de investigación cultural, estética, histórica, antropológica, literaria, lingüística, arqueológica y humanística, así como conferir becas de estudio e investigación.

El título VII aborda el tema del Patrimonio Cultural de El Salvador, sobre lo cual habrá que decir que dicho título vendría a derogar la actual Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural de El Salvador que data de 1993.

En el título VIII  se aborda el asunto de la Educación Artística y Literaria la cual deberá ser de carácter obligatorio en todas las escuelas públicas y privadas, desde primaria hasta bachillerato, según expresa el Art.159 del referido documento. Se habla también de la creación del Instituto Superior de las Artes, del Centro de Formación de Escritores, de diversos talleres de creación y de la formación de gestores y administradores culturales, así como la implementación de las Escuelas Vivas que son espacios no formales de educación artística (Art.168).

En lo referente al tema de la música (Art.185) se establece que el Ministerio de Cultura tendrá funciones específicas como crear un museo de música y la promoción de los músicos salvadoreños y su debida remuneración, no obstante omite el punto de la discografía nacional como una función primordial en apoyo de este rubro artístico.

En cuanto a la literatura, el anteproyecto en lo que corresponde al Ministerio de Cultura, contempla la creación de una revista en línea, un congreso nacional de escritores y la dotación de premios. Asimismo se refiere a la creación de una compañía nacional de teatro y de los elencos artísticos municipales.

Más adelante se aborda el tema de las Casas de la Cultura (Arts.197 – 202) una vieja y obsoleta red que hoy por hoy pide a gritos una reingeniería total y profunda.

En el título X se menciona la creación del Instituto Salvadoreño de Cinematografía (Art.203), su misión, sus funciones, las obras cinematográficas como riqueza del patrimonio nacional y la cineteca nacional. En el Art.216 del capítulo III del mismo título X, se alude además al tema de la creación de la Editorial Nacional de Cultura y Artes, la cual deberá ser dotada según el documento con un porcentaje mínimo del 3% del presupuesto correspondiente al ministerio de Cultura. En este capítulo se habla de distribución, de ferias y de exoneración de impuestos para los autores nacionales. Esta parte del documento propiciará la derogación de la actual Ley del Libro vigente desde 1994.

El título XI se refiere a la investigación cultural, estética e histórica, a través de la creación de un Instituto que estará integrado con académicos de las diferentes especialidades como son historia, historiografía, sociología, antropología, etc.

En el título XII el anteproyecto aborda un asunto muy sensible en el día a día de los trabajadores del arte y la cultura, cual es el régimen laboral y protección social de los trabajadores de la cultura y el arte, “con el fin de que puedan gozar de todos y cada uno de los derechos jurídicos, sociales y económicos que son inherentes a la condición de trabajador” (Art.237), es decir, el trabajador de la cultura tiene derecho a gozar de prestaciones como el Seguro Social, pensión vitalicia y vivienda digna, entre otras.

El titulo XIII se refiere a las empresas culturales nacionales, las cuales según el Art.257 se clasifican en micro, pequeñas y medianas empresas culturales. Se dedican a producir artículos editoriales, fotografías, videos, ilustraciones, artesanías, programas de radio, multimedia, espectáculos, discos, gastronomía y juguetes, hasta dedicarse también a la formación de profesores y a la investigación, todos los cuales serán considerados bienes y programas de utilidad pública.

Por último en su título XIV el dicho documento se refiere a la política internacional de relaciones culturales de El Salvador, que establece el apoyo a los procesos de integración regional, así como la difusión de acuerdos y convenios, intercambios, representaciones diplomáticas y agregados culturales.

Es necesario entonces que este proyecto entre ya a discusión en la comisión respectiva, lo cual amerita una campaña de inducción y sensibilización dirigida primordialmente a los diputados de la Asamblea Legislativa, con el objetivo de hacerles comprender que la aprobación de esta ley tiene tanta importancia como la ley de acceso a la información pública o como la ley general de aguas que también se encuentra en lista de espera para su aprobación. Obviamente como ya dije líneas arriba, el documento adolece de algunas omisiones y otros aspectos discutibles los cuales deberán ser solventados al momento de los debates y las consultorías comparativas, puesto que según parece otras instancias también han elaborado proyectos similares sobre la misma temática. A propósito, la Secretaría de Cultura de la Presidencia como ente rector gubernamental de la cultura nacional, se quedó solo en el amago de presentar su anteproyecto que al final no cuajo quién sabe por qué razones. Lo que nos corresponde ahora a los trabajadores del arte y la cultura es hacer presión para que esta ley sea aprobada en el más breve plazo, habrá entonces que alistar las pancartas y encaminarnos hacia donde otrora estuvo el palo de hule para ser escuchados ¡Abur!

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