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Breni Cuenca

Como ustedes saben, la fracción legislativa del FMLN, a través de la diputada Lorena Peña, entregó a la Asamblea Legislativa el Proyecto de Ley de Arte y Cultura, el 21 de noviembre de 2012.

El proyecto de Ley  de cultura del FMLN se elaboró teniendo conciencia de las grandes contribuciones culturales y artísticas que nos heredaron las generaciones anteriores. Especialmente, la Ley reconoce la herencia humana y cultural de los pueblos originarios, plena de valores de resistencia y lucha por sus derechos, de riqueza lingüística y estética y de cosmovisiones. A esas contribuciones ancestrales, se suman las obras, y los procesos de lucha social y transformación emprendidas por los salvadoreños en las distintas épocas: colonial, de Independencia, Federal Centroamericana, Republicana, y Contemporánea. Todas esas contribuciones son cruciales para que hoy podamos construir un horizonte de futuro para El Salvador cuyo referente principal debe ser la realidad, la historia, y las formidables luchas y experiencias del pueblo salvadoreño. Esas luchas y sus estrategias han sido siempre de cuño propio. Esa condición de creatividad política interna, fue la que condujo al éxito de la épica resistencia antiautoritaria  y a lograr, después de doce años de guerra civil, la negociación que abrió las puertas a la paz y al proceso de construcción democrática.

En todos los países y épocas, hay acontecimientos de gran significación en la historia cultural de un país  porque marcan rutas decisivas de su vida como naciones: en nuestro país, un hito cultural decisivo fue la fundación de la Universidad de El Salvador en 1841, cuya influencia de conocimientos, acción social y pensamiento se extiende a lo largo de 173 años.  Otras creaciones fundacionales de orden cultural han sido decisivas en el largo plazo: la fundación del Museo Nacional en 1883, la creación de la Biblioteca Nacional, la recopilación de los mitos náhuat-pipiles por María de Baratta y Schultze Jena; el voto de  las mujeres, en 1950, que constituyó un viraje en la cultura política, el rescate de los  sitios arqueológicos de Tazumal, El Trapiche, San Andrés y Cihuatán[1], entre otros de gran valor como la creación de periódicos y revistas en donde se han manifestado las distintas tradiciones de pensamiento político y social, las ideologías, y, en grado reducido, hay que decirlo, las manifestaciones artísticas y literarias.

A nivel de la configuración de los imaginarios de transformación social, debemos enorme gratitud a la intensa participación de las comunidades culturales artísticas y científicas, en las luchas sociales y políticas de las décadas del setenta y ochenta. Ahí merece una especial mención la participación de los pensadores e intelectuales salvadoreños que, en medio de la represión política, aportaron sus conocimientos para develar las estructuras y realidades del país: entre ellos, Roque Dalton, Rafael Menjívar, Jorge Arias Gómez, Alejandro Dagoberto Marroquín, Juan Mario Castellanos, Matilde Elena López, Abel Cuenca, Ítalo López Vallecillos, Rafael Cáceres Prendes, entre otros de igual importancia. Durante la década de los setenta se configuró también, el extraordinario grupo científico- social e intelectual constituido por los padres jesuitas de la UCA que fueron asesinados por un batallón militar, en 1989. Ellos nos dejaron un enorme legado de conocimientos, de compromiso ético con la justicia social y las libertades, y de coraje para expresar sus ideas y su compromiso social, aún a costa de sus vidas.

El largo camino de construcción institucional de la cultura y el contexto político social que hizo posible la fundación de las instituciones culturales siempre fue motivo de reflexión en la elaboración de la ley. A fines de 1991, por ejemplo, en los prolegómenos de los acuerdos de paz, fue creado El Consejo Nacional para la Cultura y el Arte CONCULTURA y se emitió la Ley de Protección del Patrimonio Cultural. La firma del Acuerdo de Paz inauguró un periodo de extraordinaria vitalidad ya que el fin de la dictadura dio lugar al florecimiento de la creación cultural en todas las esferas. Quedó demostrado que el país puede alcanzar grandes alturas en todos los campos, cuando se dialoga políticamente y se ponen los intereses del país en la base y en el horizonte de los entendimientos.

Pero, es bueno insistir que nuestras herencias culturales e institucionales se han decantado  también en el seno de la sociedad civil. Allí han nacido y se han desarrollado, en medio de la precariedad,  iniciativas formidables de danza, teatro, artes plásticas, música, artesanía popular, editoriales, radios comunitarias, entre otros muchos proyectos.  Esos emprendimientos demuestran claramente que la cultura y el arte son patrimonio del ingenio e imaginación de toda la sociedad.

Las fuerzas culturales en El Salvador han vivido situaciones muy azarosas y han tenido que sortear innumerables obstáculos, pero entre ellos, el más persistente ha sido el bloqueo impuesto por la tremenda incomprensión del papel de la cultura en la construcción del presente y del futuro de nuestro país.

Por esa razón, el proyecto de Ley de cultura del FMLN, rompe con la tradición que considera a la cultura como un artículo decorativo o como instrumento de rédito para intereses personales o de grupos.  Por el contrario, el proyecto de Ley  enfoca a la cultura como una dimensión humana y social fundamental. Esto es así, porque la cultura y el arte constituyen la fuerza de valores que  imprimen  sentido a las obras y a todos los procesos materiales y simbólicos. La cultura es dinámica y se produce y reproduce en el seno de las relaciones sociales. Debemos comprender que en ese entramado social se libran intensas luchas por la hegemonía, entre los valores conservadores del individualismo, el consumismo, y el autoritarismo, y los valores positivos de transformación social, justicia y solidaridad. En ese sentido, la cultura juega un papel central para que la sociedad pueda optar por los valores que orientan la acción social  hacia la humanización de la vida y la emancipación.

El Proyecto de Ley de Cultura y arte conlleva un compromiso vehemente con los intereses del país. Así lo ha apreciado la fórmula presidencial de Salvador y Oscar y por esa razón, la aprobación e impulso está contemplado como un compromiso en el eje 9 del programa de gobierno del FMLN.

Los principios y enfoques del proyecto de ley del FMLN no son producto de la improvisación sino de numerosos estudios teóricos, históricos, y especializados. Ningún otro partido se dio la tarea, de pensar la cultura y el arte en toda su significación y complejidad. Sólo el FMLN tuvo el arresto y la responsabilidad, bajo el liderazgo de la diputada Lorena Peña, de proponer una Ley de cultura. Esta ley promovida por el FMLN será histórica y tendrá una enorme significación para la vida del país y para el impulso de las fuerzas culturales salvadoreñas, a largo plazo.

El proyecto de cultura y arte del FMLN tiene cinco grandes fuentes de principios, y enfoques.

La primera fuente tiene un carácter doctrinario y está contenida en la Constitución de la República de El Salvador. Artículos 1 y 53 de la Constitución:

La segunda fuente radica en las propuestas contenidas en los documentos formulados por los artistas, creadores culturales y por distintos grupos intelectuales salvadoreños. Aquí destaca el visionario “Plan de desarrollo Cultural” de la Mesa de Desarrollo Cultural del Diálogo Social Abierto que fue el producto del trabajo de más de 400 creadores que se reunieron durante dos años para formular sus propuestas. Tres de ellas, fueron recogidas, en la Ley de Cultura y Arte: a. “Elevar a rango ministerial la institucionalidad gubernamental de la cultura, b. “Dotar al estudio de las artes de una condición académica de calidad abarcando los distintos niveles educativos, y c. Crear el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

La tercera fuente de principios del Proyecto de Ley emana de los mandatos, resoluciones y recomendaciones internacionales sobre cultura, contenidos en tratados y declaraciones de organismos internacionales, como las Naciones Unidas, la  UNESCO; el PNUD, la Organización de Estados Iberoamericanos, entre otros.

La cuarta fuente de la Ley se encuentra en documento y leyes  Latinoamericana y Centroamericanos, entre ellos, la Política Cultural de Integración, 2012-2015, del Sistema de Integración Centroamericana, SICA y las Leyes de Cultura de varios países de América Latina.

La quinta fuente de insumos, reside en el proceso de consultas especializadas y ciudadanas que realizo la Secretaria de arte y cultura del FMLN a lo largo del 2012, en el cual participaron académicos, artistas y creadores de la cultura, para  discutir críticamente el proyecto de Ley del FMLN y formular  sus propuestas.

Para resumir, el Proyecto de Ley de Cultura y Arte está inspirado en toda su arquitectura en cuatro principios que animan su espíritu y el texto de la misma:

  1. La Constitución de la República y los derechos culturales ahí reconocidos.
  2. La cultura como derecho humano fundamental.
  3. La Cultura como un pilar del desarrollo humano sostenible.
  4. La plena libertad de pensamiento, creación y expresión,
  5. El respeto a la diversidad cultural.

Han pasado 23 años desde la fundación de CONCULTURA y la aprobación de la Ley de Patrimonio cultural. Ahora, nos encontramos a las puertas de la fundación de una nueva institucionalidad  que se concretará con la creación del Ministerio de Cultura y la aprobación y ejecución de la Ley de arte y cultura del FMLN. Ambas medidas abrirán las puertas para que la sociedad pueda asumirse como protagonista esencial de la creación y desarrollo de la cultura.

Esto sin duda ocurrirá así, con el triunfo de la fórmula presidencial del FMLN en la segunda vuelta y la elección de Salvador y Oscar como Presidente y vicepresidente del país. Ellos han asumido el compromiso histórico de tratar a la cultura como un derecho humano y como pilar del desarrollo humano sostenible.

Nosotros como comunidades de creación y de conocimiento tenemos la responsabilidad de continuar impulsando nuestro trabajo en el seno de la sociedad y, a la vez, tenemos el deber de discernir críticamente el trabajo cultural del gobierno, apoyando decididamente sus avances, señalando sus desaciertos, y participando activamente en la construcción de las políticas públicas que se elaboren en el Estado y en la sociedad civil.

Para finalizar, quiero decir que el reto que tenemos es formidable si queremos lograr que la cultura y el arte ocupen el sitial que se merecen por su papel esencial en la emancipación humana. Para ello, necesitamos una concertación muy amplia de voluntades de forma tal que, la ciencia, la cultura y el conocimiento, concierten sus fuerzas. Sólo así será posible una renovación profunda de las fuerzas culturales de nuestro país que nos permita estar a la altura de la energía creativa, las esperanzas  y el talento que, a lo largo de la historia, ha demostrado nuestro pueblo.

Muchas gracias.


[1]MEMORIA del Ministerio de Cultura de 1954-1955 San Salvador p. 11.

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El Proyecto de Cultura y Arte de la República de El Salvador: la invención colectiva de un sueño (Por Breni Cuenca)

5 Nov

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(Ponencia presentada ante la Comisión de Cultura y Educación de la Asamblea Legislativa que se llevó a cabo el día 29 de octubre de 2013 en el marco del foro para discutir el Proyecto de Ley de Cultura elaborado por el FMLN)

Breni Cuenca

(Estimados invitados)

Como ustedes saben, la fracción legislativa del FMLN y la Secretaría de cultura y arte del mismo partido, trabajando mancomunadamente, bajo el liderazgo de la diputada Lorena Peña, se propusieron entregar al país un Proyecto de Ley de Arte y Cultura, que recogiera los planteamientos y las grandes aspiraciones de los trabajadores de la cultura y el arte. Esa fue la tarea propuesta que concretamos en el Proyecto de Ley que ahora está en el seno de la Honorable Comisión de Educación y Cultura para su discusión y enriquecimiento.

I. LAS GRANDES IMPRONTAS DEL PROYECTO DE LEY DE CULTURA Y ARTE

El proyecto de Ley  de cultura y arte fue elaborado en el marco de dos grandes improntas:

1. La primera, es el reconocimiento de las grandes contribuciones culturales y artísticas que nos han sido heredadas por las distintas generaciones de salvadoreños, especialmente las de los pueblos originarios. Su herencia, en primer lugar, humana y cultural, plena de valores de resistencia y de lucha por sus derechos, de riqueza lingüística y estética, de cosmovisiones, ha sido crucial para las configuraciones culturales e identitarias salvadoreñas y  de enorme importancia como contribución al patrimonio material y simbólico del mundo. A esas contribuciones ancestrales se suman las obras, las luchas y los procesos de transformación llevados a cabo por los salvadoreños en distintos periodos: Colonial, de Independencia, Federal Centroamericano, Republicano, y Contemporáneo.

De forma especial, debemos gratitud a pensadores e intelectuales salvadoreños de las distintas épocas, que sería largo enumerar. Los escasos estudios de historiografía salvadoreña son de gran valor y,  abren la perspectiva para aquilatar la cultura y el arte como procesos acumulativos que es preciso reconocer. Como contribuciones al conocimiento cultural del siglo XX son muy importantes en esta materia los ensayos de Fina Viegas: Aproximación a la historiografía salvadoreña de 1950-2000 [1] y de Carlos Gregorio López: La historia cultural en El Salvador: Un campo de estudio en ciernes.

Dice Fina Viegas que el ejercicio del oficio de historiador no siempre ha sido ejercido por historiadores académicos, sino por muchos pensadores de otras disciplinas que han recorrido el pasado de El Salvador con la intención de narrar y/o explicar quienes fuimos y, tal vez, quiénes somos.

Carlos Gregorio López plantea la necesidad de considerar la historia cultural como objeto privilegiado de estudio, reconoce en Francisco Gavidia el esfuerzo por identificar y pensar el pasado indígena; discute críticamente el proyecto liberal ilustrado de David Joaquín Guzmán y su visión de la educación como instrumento de la ladinización; plantea la importancia de Alberto Masferrer y su énfasis en lo social y la teosofía, y destaca el papel de Roque Dalton en la interpretación del papel de los sectores subalternos en la historia nacional y sus reflexiones sobre la historia y la identidad cultural.

Respecto a los insumos de conocimientos producidos por los pensadores e investigadores salvadoreños contemporáneos, este proyecto de Ley de cultura y arte está en gratitud con las ideas e investigaciones de muchos de ellos, quienes han hecho notables contribuciones a la interpretación de la realidad sociopolítica, histórica, estética, cultural, antropológica y arqueológica del país. Mencionó entre ellos a: Pedro Escalante Arce, Eugenia López Velásquez, Roberto Turcios, Knut Walter, Carlos Gregorio López, Miguel Huezo Mixco, Adolfo Bonilla, Federico Paredes, Rafael Lara Martínez, Horacio Castellanos, Fina Viegas, Ricardo Roque Baldovinos, Eliseo Ortiz, Candelaria Navas, Carlos Lara Martínez, Luis Alvarenga, Ramón Rivas, Amparo Marroquín, Silvia López, Beatriz Cortez, Olga Vásquez, Wolfgang Effenberger, entre otros, que también son de nuestro  mayor aprecio.

No hemos olvidado, por supuesto, los decisivos aportes de sus antecesores cercanos, quienes entre 1960 y 1980, en medio de la polarización política, configuraron en el país, lo que, acuerdo con Fina Viegas, puede ser considerado lo más cercano a una generación de historiadores.  A mi juicio integran esta generación, ilustres nombres: entre ellos, Rafael Menjívar, Jorge Arias Gómez, Alejandro Dagoberto Marroquín, Juan Mario Castellanos, Roque Dalton, Matilde Elena López, Ítalo López Vallecillos, Abel Cuenca, Rafael Cáceres Prendes y Rafael Guidos Véjar. Todos intelectuales, afines a la oposición antiautoritaria, vinculados en gran medida a la Universidad de El Salvador. Respecto a Jorge Arias Gómez y Roque Dalton, Viegas destaca la influencia de estos autores y obras en el cambio de los imaginarios sociales de la época y, en el caso de Dalton, la forma en que decididamente incorpora la cultura popular a la reflexión histórica y poética.

En todas las épocas, hay acontecimientos de gran significación en la historia cultural de un país  que no pueden ser olvidadas porque marcan rutas decisivas de su vida como naciones: la fundación de la Real y Pontificia Universidad de México, fundada el 21 de septiembre de 1551 y de la Universidad de San Carlos de Guatemala, el 31 de enero de 1676 fue decisiva, por ejemplo,  para el desarrollo de esos países y para que ellos ocupen un sitial especial en la educación y cultura del continente. Nunca debemos olvidar nuestros propios hitos culturales, entre ellos por supuesto, la fundación de la Universidad de El Salvador el 16 de febrero de 1841, la fundación del Museo Nacional en 1883 bajo la dirección de David J.Guzman; la creación de los círculos literarios y la creación de la biblioteca nacional durante el régimen liberal de Zaldivar entre 1875 y 1886; la recopilación de los mitos náhuat-pipiles por María de Baratta y Schultze Jena entre 1920 y 1930; la creación de la Revista El Salvador de la Junta Nacional de Turismo y el suplemento “La república”, entre otros.

Pero hay otros hechos que una mirada superficial puede considerar modestos, pero que tienen una enorme significación cultural: por ejemplo, la creación de la Dirección de Bellas Artes durante el gobierno de Oscar Osorio en 1950; el movimiento sufragista y el voto de  las mujeres en 1950 que es un acontecimiento importantísimo de la cultura e imaginarios políticos; la fundación del Departamento de Publicaciones en 1953, a cargo de Ricardo Trigueros de León[2] como “espacio de edición y de difusión del pensamiento salvadoreño y centroamericano; la Fundación de la revista, Cultura[3] en 1955, bajo la dirección del periodista Manuel Andino; el rescate de los  sitios arqueológicos de Tazumal, El Trapiche, San Andrés y Cihuatán[4], la revitalización del Museo Nacional `David J. Guzmán´, bajo la dirección del historiador Lardé y Larín[5], la reforma educativa y cultural encabezada por el Ministro de Educación Walter Beneke; la Construcción del edificio para la Biblioteca y el Archivo Nacional, todos estas creaciones constituyeron los cimientos de los emprendimientos culturales de los periodos subsiguientes.

Somos hijos de un incesante proceso de construcciones de sentido y de transformaciones y, por lo tanto, el devenir de nuestra vida e identidad cultural está marcado por acumulaciones culturales, que tanto en los momentos de armonía como en los de conflicto social, han abierto y dinamizado las transformaciones del país.   Sigue leyendo

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