Cultura y Medios de Comunicación Social

2 Jul

Estanislao Enrique López
Secretaría Nacional de Arte y Cultura del FMLN

“La conquista del poder cultural
es previa a la del poder político
y esto se logra mediante la acción concertada
de los intelectuales llamados “orgánicos”
infiltrados en todos los medios de comunicación,
expresión y universitarios”.
Antonio Gramsci

Desde el inicio de la historia, el ser humano se define por su condición sociocultural: animal político dotado de lenguaje. Se socializa y comunica con sus coetáneos de manera oral, por el idioma y a través de estelas, glifos, jeroglíficos, templos como símbolos del poder cívico-religioso, pinturas en grutas o cuevas. Así da a conocer las distintas manifestaciones: políticas, sociales, religiosas de su civilización. Si la creación de la escritura representa un hito insoslayable en el proceso socio-histórico de la humanidad, es porque suscita un cambio económico, social, cultural y simbólico a nivel mundial.

De tal manera, a partir de ese momento, los cambios producidos impulsan una eclosión en el despliegue y desarrollo de los diversos medios de comunicación social, como la imprenta (siglo XV) que plasma las ideas en papel, las difunde y expande globalmente. A ello se suma la invención de la televisión —a mediados del siglo XX— la cual ejerce una mayor influencia en los ciudadanos junto a la prensa escrita.

Como parte fundamental de los medios de comunicación social, la televisión desempeña un papel muy importante. No sólo proyecta imágenes y sonidos —los estereotipos masculinos y femeninos— mediante películas, noticieros, entrevistas, el mundial de fútbol, telenovelas, así como vulgares talk y reality shows, con mujeres famélicas y hombres corpulentos. Toda la programación televisiva puede catalogarse como proyectiles verbales y visuales que permean en el imaginario colectivo de la ciudadanía, la concepción de los cánones de belleza, de lo estético, de lo hermoso, de lo feo, desde el proyecto político e histórico que construye la clase dominante del país.

Desde una perspectiva de género, al hombre transmite cómo mantener su dominación masculina, al igual que la relación opresor/oprimido, mediante ciertas prácticas que se conciben como “naturales” o forjadas por “Dios”. Asimismo, ese tipo de emisión televisiva posee el propósito primordial de mantener a los televidentes sumidos en una realidad ficticia, para salvaguardar el statu quo de los grupos dominantes, a la cual pertenecen los dueños de esos medios masivos. La comunicación se utiliza como medio de reproducción de la opresión y explotación, a nivel económico, político, social, cultural y simbólico.

En el marco de la historiografía salvadoreña, la prensa escrita y la televisión nacional se hallan al servicio de la clase dominante política, social y económica. Por ello, durante décadas amordazan las voces de los grupos subalternos, impidiéndole el acceso a la información veraz y oportuna de los principales acontecimientos. Sólo se ponen de relieve aquellos aspectos o fases de la historia que les favorecen.

Como ejemplo patente de la historia reciente, más que en informar, los periódicos se regodean en difamar, invisibilizar y marginar a los diversos grupos étnicos diseminados en todo el territorio nacional. Particularmente se ensañan contra los pueblos originarios de Izalco. Así, durante el etnocidio de 1932, a los indígenas y a los campesinos los mancillan con el epíteto de ser “comunistas”, promoviendo a nivel nacional e internacional, el odio de clases, la discriminación social, étnica y de género.

A la llegada del siglo XXI —por la alta incidencia que ejercen en la población salvadoreña— los medios de comunicación social conforman una sociedad semi-autómata que responde a los dictados de la “máquina” de reproducción. La televisión no sólo emboba, también embelesa y cautiva los sentidos. Bajo la égida de la oligarquía salvadoreña, los medios de comunicación social rigen los ámbitos públicos y privados, que se vuelven insensibles ante el dolor ajeno y la vorágine social, ya que sólo pregonan una cultura de muerte, de violencia, de egoísmo.

Por tal razón, hay que cuestionar el mensaje que transmiten los medios de comunicación social salvadoreños y la manera en que ejercen esa influencia en la mayoría de la población.
Al respecto se refiere que en el territorio nacional:
“Según las Naciones Unidas, dos periódicos conservadores, La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy concentran juntos el 87 por ciento del mercado de periódicos. El resto es repartido por otros dos periódicos: Diario El Mundo y Diario Co Latino. En televisión, Telecorporación Salvadoreña (TCS) acapara el 90 por ciento de la audiencia del país. En radio, la Asociación Salvadoreña de Radiodifusores (ASDER) cuenta entre sus socias a 65 radios de un total 195 que reporta el libro de estadísticas de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA)”(1)

Aunado a ello, la sociedad salvadoreña niega el acceso a la educación y la posibilidad del disfrute pleno de la cultura ya que, en el mensaje de los medios, la cultura se percibe como refinamiento y conocimiento exclusivo de un grupo particular. Empero, con la impronta del internet y la creación de las redes sociales, paulatinamente se rompe el cerco mediático, a través de las radios comunitarias y canales alternativos, a los cuales se unen las protestas en las calles, lugar exclusivo para la manifestación y lucha social del pueblo salvadoreño.

Hay que indagar de qué manera la cultura y los medios de comunicación social interactúan, desde la perspectiva de la antropología sociocultural. Como vehículo transmisor de la cultura, la televisión ocupa un espacio físico en la esfera doméstica, no por ser un objeto de valor en sí mismo, si no porque construye imaginarios colectivos, identidades y relaciones de poder, imbricados en el sistema social, político, económico del país.

Obnubilados por el conformismo, la desilusión y la desidia que fraguan los medios en su historial, se potencian las bases del mercado capitalista en la población y se crea una actitud de consumo. En gran medida, los medios determinan la identidad cultural, su diversidad y modulan la visión de los espectadores.

Como medios de comunicación social, tanto el internet y las redes sociales, son un lugar de disputa de sentidos políticos y estéticos. Se trata de un espacio liminar (2), porque es un vehículo de transmisión de ideas y de pensamientos, pero tecnológica y económicamente hablando lo domina el imperio. En ese espacio liminar confluyen los discursos hegemónicos y contra hegemónicos.

En la era de la globalización las redes sociales son procesos socioculturales de esta sociedad contemporánea, que conforma una comunidad asimétrica. En ese espacio simbólico convergen sujetos, que si hasta cierto punto comparten los mismos valores y normas, no necesariamente coinciden con el proyecto político, de cara al poder de los medios opresores.

Institucionalmente hablando, los medios de comunicación representan una extensión del poder(3), es decir, “la capacidad relacional que permite a un actor social influir de forma asimétrica en las decisiones de otros actores sociales de modo que se favorezcan la voluntad, los intereses y los valores del actor que tiene el poder” . Sus prácticas enunciativas se hallan mediadas por los intereses de la oligarquía quienes moldean las prácticas sociales de los sujetos individuales y colectivos.

En un período anterior, en la relación tripartita estado, sociedad y cultura, el estado mismo crea un mecenazgo para los intelectuales y artistas. Los proyectos culturales, obedecían a los propósitos, planes y aspiraciones del gobierno en turno. En esa época, existe un indigenismo sin indígenas, los pueblos originarios no se toman en cuenta como sujetos, si no bajo la égida del abigarrado estado salvadoreño (por ejemplo, no existe una sola recopilación de textos ni una gramática náhuat-pipil desde 1880 —despegue del modernismo— a 1932, inicio del Martinato, ya que los intelectuales visualizan Europa como modelo cultural y literario. El indigenismo inventa un indígena sin lengua). Hoy en día, el papel del estado salvadoreño debe ser el instrumento de los cambios. Como fuerza política tiene la oportunidad de llevar a cabo una transformación sociocultural, en la esfera pública y privada.

Los Diálogos Culturales de Invierno 2014 abren un espacio político y simbólico donde se fomenta el debate académico y político. Se entiende por esfera de lo político “la acción física o simbólica que modifica, mantiene o altera las estructuras de poder”(4) , con el propósito decontrarrestar la influencia de los grandes medios, como el panóptico que controla y regula la vida cotidiana de los sujetos sociales.

Junto a la creatividad e imaginación de la comunidad, los medios comunitarios o alternativos serán el contrapeso ideal de todo ello. A partir de su autonomía podrán aspirar a concebir y diseminar una cultura liberadora o emancipadora como proyecto político y sociocultural del pueblo salvadoreño. Debe vislumbrarse un horizonte de transformación social que rompa los esquemas y paradigmas impuestos.

__________

[1] Valencia, Ricardo “El Salvador, la estrategia del cambio”, en Omar Rincón ¿Por qué nos odian tanto? (Estado y medios de comunicación en América Latina), Centro de Competencia en Comunicación para América Latina Friedrich Ebert Stiftung, pp. 115-122, Bogotá, 2010.
[2] Entiendo por espacio liminar, aquello que se mueve entre lo público y lo privado, que no es necesariamente privado, pero tampoco es tan público, por lo que se encuentra entre un estado y otro estado, o entre lo uno y lo otro.
[3] Castells, Manuel. “Capítulo 1. El poder en la sociedad red”, en Comunicación y poder. Alianza Editorial, pp. 33-85, Madrid, 2011.
[4] Varela, Roberto. Cultura y poder: una visión antropológica para el análisis de la cultura política. Editorial Anthropos, Universidad Autónoma Metropolitana, México, 2005.
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